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ADHESION ABSOLUTA AL ESTADO DE DERECHO.

La racionalidad, cuando existe en dos personas que sustentan ideas diferentes, permite una vida civilizada, porque es esperable la aceptabilidad de los hechos evidentes, que acontecieron, y que por ser innegables, y por lo tanto aceptables por ambas personas, permite preservar los valores que los ciudadanos de un país han definido en su Constitución hace muchos años.
En los hechos que se produjeron en las zonas aledañas al Congreso Nacional, en los días 14 y 18 de diciembre de 2017, en los momentos previos, simultáneos y a posteriori de la sesión de la Cámara de Diputados, se produjeron manifestaciones y agresiones físicas en contra de las fuerzas policiales que se habían dispuesto de tal manera de impedir el acceso al Congreso de  grupos muy violentos que pretendían que no se pudiera deliberar y votar los temas por los cuales se había convocado a dicha Cámara.
Que hubo una agresión física enorme en contra de las fuerzas policiales es un hecho innegable. Que hubo daños premeditados a bienes públicos y privados por parte de dichos grupos violentos también es innegable. Ambos hechos están previstos en el Código Penal, para delitos expresamente tipificados.
Los daños públicos y privados, y la iniciativa y consumación de agresión a las fuerzas policiales que el Estado ha previsto para hacer cesar la comisión de delitos son hechos innegables. Y por lo tanto en una conversación de dos personas que sustentan ideas diferentes, esos dos hechos acontecidos de una manera clara, visible, que constituyen delitos, no pueden ser objeto de argumentación, sino de aceptación. Existieron y los ejecutores de los mismos deben ser juzgados y pasibles de las penas previstas en nuestro Código Penal.
Qué valía en un país, en una conversación entre dos ciudadanos  que sustentan ideas políticas diferentes, que sigan pensando cada uno según sus ideas políticas, pero que ambas no estén dispuestos a aceptar que se tome la iniciativa y se agreda físicamente a las fuerzas policiales, quienes representan al Estado.
También ambos ciudadanos tienen que coincidir, en un estado de derecho, que quienes premeditadamente destruyen bienes públicos y privados, deben ser juzgados por dichos delitos, y deben responder con sus propios bienes para compensar los daños sobre los recursos del Estado y de los particulares.
Si ambos ciudadanos siguen sosteniendo sus propias ideas políticas, pero ambos tienen la misma visión en la preservación de la república y de la democracia, y por lo tanto no están dispuestos que se atente contra el Estado a través de provocar agresión en contra de sus fuerzas policiales, y no están dispuestos a aceptar que los delitos contra bienes públicos y privados puedan quedar impunes, entonces Argentina empieza a creer y defender realmente que hay que preservar la solidez de sus instituciones.
Miguel A. Di Ranni

07.01.2018